domingo 21 de octubre de 2007

JUAN ANTONIO CEBRIÁN

Es un tópico decir que la radio acompaña, pero lo cierto es que sí, acompaña. Especialmente a aquellos que tenemos dificultades para dormir y la noche se nos hace demasiado larga. Por eso siempre viene bien refugiarse en una voz amiga que nos acompañe por la senda del sueño... o que nos separe de ella, cuando las cosas se ponen realmente interesantes. Anoche me disponía a escuchar esa voz amiga que, cada madrugada de los sábados y domingos, dirigía "La rosa de los vientos"; llegó la una de la madrugada y ya esperaba la sección de Fernando Rueda dedicada al espionaje: probablemente nos daría las claves del conflicto entre Turquía, Irak y la resolución del Congreso de los Estados Unidos sobre el genocidio armenio.

Sin embargo, al llegar esa hora no escuché la sintonía habitual del programa sino una voz que nos daba "la noticia que nunca hubiéramos querido dar" y que yo, como el resto de oyentes, nunca hubiéramos querido escuchar: ayer por la tarde murió Juan Antonio Cebrián.

Aunque siempre se presentaba, "contento y feliz como una lombriz", como Tutankamon, la momia de Amenofis IV o "lo que queda de Juan Antonio Cebrián", lo cierto es que apenas tenía cuarenta y dos años. No estaba enfermo: murió de un ataque al corazón, de forma inesperada, sin tener tiempo de poder despedirse de sus más allegados ni, tampoco, de sus oyentes.

Se hace difícil pensar que nunca más encontraré su voz en las ondas, que ya no habrá un nuevo "Pasaje de la historia", él que contó mejor que nadie la vida de Girolamo de Savonarola, la batalla por Berlín en los estertores de la II Guerra Mundial, la épica de El Álamo, la literatura de Galdós, la muerte acechante en el bosque de Teutoburgo. A unas horas en las que las ondas suelen estar repletas de programas a los que llama gente desesperada (no hay noche que alguien no anuncie su suicidio), Juan Antonio Cebrián nos regalaba un programa lleno de actualidad, ciencia, misterio y una gran pasión por la Historia.

Esta noche sus amigos van a hacerle un programa de homenaje y despedida. A él, que tanto le gustaba el romano "Fuerza y Honor", sólo se me ocurre decirle lo que tantas lápidas reproducen:



Sit tibi terra levis

9 comentarios:

Øttinger dijo...

Ya sabes que decía siempre Unamuno que había gente que moría demasiado tarde y otra que lo hacia demasiado pronto. Morirse en el momento preciso es nuestra obligación. Quizás faltó en eso tu admirado locutor.

C.C.Buxter dijo...

Sí, tienes razón; quizá lo más triste sea pensar en cuánto nos quedaba por compartir... La frase de Unamuno me ha recordado lo que Stevenson le dijo a su médico cuando éste le aconsejó que, si no quería morir joven, no trabajase demasiado: "Doctor, todos los hombres mueren jóvenes". Algunos, como Cebrián, demasiado jóvenes.

arda dijo...

Es verdad que las voces de la radio nos nuestras más entrañables amigas. Cuando ponemos la radio (normalmente, mil veces mejor que la TV) y oimos esas voces, nos sentimos acompañados por ellos. No se sia ti te ocurre, pero a mi me parece que me hablan a mi, cómo si estivueramos en un café charlando dulcemente, o discutiendo!

Por lo que discrepo es que, para mi, cada uno muere en su momento, ni demasiado joven, ni demasiado viejo... aunque a veces, como en este caso, sea duro para los que siguen viviendo

un abrazo muy fuerte!!!!!!!

ANA DE LA ROBLA dijo...

Bonito remate el de tu texto. Bonito recuerdo el tuyo.

Petrarca dijo...

¡¡¡Me acabo de enterar!!! No estudies Buxter, que Bermejo ha dicho que lo de las oposiciones a juez como que no. ¿¿¿Tienes influencias por ahí???

Lautreamont dijo...

Se nos fue un maestro y también un amigo.

Hasta siempre, amigo Cebrián.

C.C.Buxter dijo...

A mí también me pasa, arda, quizá porque para mí escuchar radio es un ejercicio solitario: cuando no la escucho con los auriculares, lo hago de noche ya en la cama.

Gracias ana, la verdad es que los romanos sabían despedir a sus muertos. Todavía recuerdo la entrada que dedicaste a epitafios romanos...

Buena definición de Cebrián: maestro y amigo. Suerte que todavía nos quedan sus podcasts.

Y, last but not least, Petrarca: no hay para tanto. Las declaraciones de Bermejo han creado un cataclismo en mi entorno cercano; y me preocupa porque, aunque ya no fuese a haber más convocatorias... todavía no he suspendido esta. ¡Qué poca confianza noto a mi alrededor!

Bromas aparte, hasta donde yo sé, el plan de Bermejo no sustituye a las actuales oposiciones, sino que sería un complemento para quienes acaban de finalizar la carrera. De hecho, el acceso por oposición no es el único, sino que hay otras vías: concurso-oposición, propuesta del parlamento autonómico, nombramiento por el CGPJ...

Yo no veo tan mal lo que propone (aunque supongo que me quitarían plazas a mí), aunque como todo el mundo sabe, no es lo mismo estudiar en una universidad que en otra... Sin embargo, en la práctica, ahora mismo parece difícil: para modificar el acceso a la carrera judicial hay que cambiar la ley orgánica del poder judicial, y eso requiere mayoría absoluta en el Congreso, además de bastante tiempo. Y, hoy por hoy, viendo las puñaladas que hay en el CGPJ y cómo caen uno a uno en el Tribunal Constitucional, parece una utopía.

C.C.Buxter dijo...

Ah, se me olvidaba: si Bermejo quiere saber por qué cada vez hay menos opositores, no tiene más que mirar el programa de 350 temas que hay que memorizar, el número de plazas a cubrir (de las que, por cierto, en la práctica muchas quedan desiertas) y las pruebas de selección cada vez más enrevesadas que se hacen.

Melpómene dijo...

Quizá también influya que el test retrasa el "probar suerte" de los opositores nuevos... ¿Pero por qué sólo los mejores expedientes de las universidades públicas??? En fin, a mí tb me ha sonado como muy lejano, veamos cuándo nos llega la de jurisdicción voluntaria... Besillos y ánimo, macu