Creo que es imperdonable que hasta ahora no haya traído El apartamento a esta sección. Podría poner muchas excusas, pero no las hay: lo siento, Billy, ya sabes, estoy muy ocupado... Son demasiadas las cosas que me gustan de esta película, incluidos pequeños detalles, como ver a Baxter decir que se ha tomado cuatro copas aunque sólo levanta tres dedos o el gesto que hace la señorita Kubelik antes de poner en marcha el ascensor (bueno, realmente quien me gusta es la señorita Kubelik). Con todo, hay un momento especialmente mágico.
Por si alguien no lo sabe, Baxter cede a sus superiores su apartamento para que puedan pasar un buen rato con sus respectivas queridas, a cambio de un mayor entusiasmo a la hora de recomendarle para ascender en la empresa. Esto es así hasta que Sheldrake, el jefe de la empresa, se entera de todo y pide a Baxter que le deje su apartamento sólo a él. Baxter lo hace encantado, ya que hacer este tipo de favores al jefe es la mejor manera de lograr rápidos ascensos. Un día le entrega a Sheldrake un espejo de mano que éste se dejó en su apartamento. Ya estaba roto cuando lo encontré, dice Baxter. Sí, es que ella me lo tiró, ya sabe cómo son las mujeres… Lo que no sabe Baxter es que la amante de Sheldrake es la guapa ascensorista de la que él está enamorado, la señorita Kubelik.
Llega la fiesta de navidad de la empresa y Baxter está exultante; ha logrado un ascenso y lo quiere celebrar con la señorita Kubelik, a la que pide su opinión acerca del sombrero que acaba de comprarse. Aunque ella le dice que le queda bien, Baxter no está del todo seguro; ella le deja su espejo y Baxter ve su imagen reflejada… en un espejo roto.
Así de simple. Así de complicado. No sé si fue un hallazgo de Wilder o de I.A.L. Diamond, pero la del espejo roto es sin duda una de mis escenas favoritas. Podían haber utilizado cientos de artimañas de culebrón para hacer que Baxter se enterase de lo de su jefe y la señorita Kubelik: un encuentro casual, una confidencia indiscreta, alguien que escucha cuando no debe… Sin embargo, con el espejo roto conseguían dos cosas: que Baxter se enterase de lo que no se quería enterar y una metáfora que explicase el estado de ánimo de los protagonistas. Ya sé que está roto, dice la señorita Kubelik, así puedo verme tal y como me siento.

6 comentarios:
En esa escena Shirley MacLaine está tremenda (dentro de su discreción). No creo que a "Buxter" le importara tener una ascensorista llamada "Kubeluk". ^^ Qué gran película.
A mí me impactó una barbaridad esa escena cuando vi la película y también le dediqué un post a ese momento. Es lo que menos que se merecía ese instante de genialidad absoluta, de magia imperecedera, de cine, de puro cine.
Es imposible que haya alguien a quien no le gusta la señorita Kubelik. Yo suelo subir andando por las escaleras y no cojo ascensores. Será por eso que nunca me la he encontrado...
Pues también me quedo con esa escena de una película tan genial, que cualquier momento que elijas es un acierto. Todo se desarrolla con tal perfección que cada escena encaja como las piezas de un puzzle. No se me ocurre mejor forma para hacer que Baxter se entere de lo de la señorita Kubelik, es una escena perfecta y magistralmente interpretada por los dos. Si MacLaine está asombrosa, no lo está menos Lemmon al que vemos pasar de la ilusión de enseñarle el bombín a Kubelik a la infinita tristeza de enterarse de lo de ésta con el jefe. Todo se ve en su rostro y todo tan contenido y tan bien expresado que es difícil no admirarlo.
PS. Ya era hora de que hablases de esta peli je,je,je
Saludos :-)
Petrarca, Buxter confirma que no le importaría en absoluto :-)
Juan y Mr. Ripley, todo lo que se diga de esta escena es poco. A mí es la que más me gusta, junto con los últimos minutos de la película (MacLaine corriendo haciendo el apartamento de Baxter, subiendo las escaleras y, entonces, un ruido sordo ¿de pistola?), pero sin duda se podrían elegir muchos más momentos. También me gusta mucho la BSO.
Sencillamente genial, como Wilder, como Diamond, una escena genial.
Es curioso como a veces coincidimos en detalles que creemos propios con personas ajenas, si hubiera tenido que destacar una escena, también hubiera elegido ésta, magnífica tu manera de describirla.
Me gustó entrar hoy aquí y descubrir esa coincidencia.
Que en Wilder coincidíamos ya lo imaginaba, tu nick te delata jeje.
Un saludo
Vivian, en este caso no es tan curioso que coincidamos; lo curioso sería que a alguien no le gustase esta escena. Pero sí que es verdad que a veces uno se lleva sorpresas de ese tipo, al verse reflejado en alguien que ni siquiera conoce.
Es una suerte que Wilder y Diamond se conociesen, ¡o lo que nos hubiésemos perdido! El otro día recordaba pasajes de "Uno, dos, tres" y tenía que esforzarme por no romper a reír en el metro.
Sí, mi nick, aunque con imperfección, me delata :-)
Publicar un comentario en la entrada